Llegaron a Londres sin hacer ruido, con el inestimable mérito de ser el primer grupo femenino del waterpolo español en lograr plaza en unos Juegos Olímpicos. Habían logrado lo que nunca antes en nuestro país. Llegaron a la sombra de la Seleccion masculina, como suele ocurrir casi siempre, mucho más curtida en citas olímpicas y siempre como una de las secciones favoritas a luchar por las medallas.
