
Cuando llegan los días previos a un partido entre Real Madrid y Barcelona, sea en la competición que sea, los medios de comunicación, especialmente los escritos, se relamen de gusto sabiendo que la información y las elucubraciones previas al encuentro entre los dos grandes equipos de nuestro fútbol les llenarán gran parte de su espacio y tiempo informativo. Es fácil, entonces, caer en la repetición de los tan manidos tópicos que siempre acompañan a los clásicos. Que si el duelo entre sus principales estrellas, que si uno de los dos está en mejor forma que otro, que si las rachas de determinados jugadores o de las victorias de un equipo sobe el otro en el escenario de turno. Y si, de paso, coincide que hay alguna cuenta pendiente del anterior partido, alguna declaración altisonante o alguna imagen polémica que recatar para ponerle picante al asunto, pues mejor que mejor.
